Un Poco de Historia
La práctica del buceo se remonta a tiempos lejanos, se sabe que los fenicios de la ciudad de Tiro (actualmente llamada Líbano), que extraían de un pequeño crustáceo un tinte rojo muy apreciado en la época, se sumergían en el interior de unas grandes campanas, llenas de aire, para poder respirar durante unos instantes.
Desde entonces, han sido muchos los intentos de los humanos de emular a los peces, y hoy en día, ya podemos disfrutar casi como una criatura marina, de gran parte de las maravillas que esconde el inmenso universo líquido que nos rodea, por que los océanos, los mares y los lagos ocupan tres cuartas partes de nuestro planeta.
El submarinismo, tal como se conoce hoy o buceo con escafandra autónoma, pudo desarrollarse gracias al aparato que inventaron en 1943 los franceses Emile Gagnan y Jacques Yves Cousteau, y que denominaron "pulmón acuático".
En la actualidad este invento se conoce como "regulador", un aparato que adapta el aire comprimido de las botellas de aire, a la presión ambiental que en esos momentos tiene el buceador y que sus pulmones pueden soportar. Con él se puede respirar bajo el agua igual que si se estuviera en la superficie.
Con el invento del regulador, el ser humano se dotó de un instrumento sumamente importante para realizar investigaciones marinas in situ o simplemente disfrutar le los paisajes submarinos en nuestros ratos libres.
Desde entonces, los conocimientos sobre las criaturas marinas, de cuya biología y hábitos de vida poco se sabía, se han ido ampliando asombrosamente.
El buceo es un deporte que requiere de una preparación específica, que nos permita disfrutar los fondos marinos dentro de las máximas condiciones de seguridad.
Es una de las actividades recreativas más segura, relajante y divertida, donde conocereis la gran diversidad de fauna y flora del mundo submarino.
Pese a que hay destinos de buceo emblemáticos como el Mar Rojo o el Caribe, en España no hay fondos malos. Hay que tener en cuenta que lugares que no parecen revestir interés en tierra firme, debajo del agua son verdaderos paraísos. Galicia por ejemplo, gracias a su situación geográfica (cruce del Océano Atlántico y el Mar Cantábrico) constituye uno de los espacios submarinos donde la vida marina alcanza su máxima expresión, ya que es una zona de transito de muchas especies y esta afectada por las corrientes del golfo.
En cada comunidad, hay un lugar donde merece la pena vestirse el traje y realizar una inmersión.
El buceo es un deporte que todas las personas si pueden, deberían practicar. Basta con hacerse un reconocimiento médico y descartar cualquier problema que impida sumergirse en el mar.
Actualmente, en España hay más de 40.000 personas con la titulación necesaria para practicar este deporte tan bonito.
Bucear es positivo para luchar contra el estrés, y resulta saludable para los pulmones de los fumadores, para la circulación periférica de las mujeres, para personas con sobrepeso (es un deporte que pueden practicar sin problemas), y para quienes sufren discapacidad física.
Ver un pez en una grieta, un pulpo en la piedra camuflado jugando al escondite, a las gorgonias mecerse en las tenues corrientes submarinas, ayuda a niños y mayores a ser más respetuosos con los océanos, su fauna y flora.
Mientras se bucea, además, se hace deporte y se disfruta la sensación de descubrir un mundo nuevo, silencioso y maravilloso: pulpos, corales, pequeños seres, grandes pelágicos, plantas, algas, medusas, peces de todo tipo, color y forma...
La primera impresión cuando uno se embute en un traje de neopreno, se coloca la máscara, la botella, el chaleco... y, sobre todo, los plomos es pensar que moverse con libertad es imposible. Esta impresión desaparece en cuanto se está sumergido en el agua. La movilidad crece, el mundo cambia y la ingravidez es tan atractiva que se acaba uno olvidando de que lleva unos cuantos kilos de equipo encima, por que la sensación de libertad que se experimenta le hace sumergirse en un mundo, en el que el tiempo está como adormecido y todo ocurre a cámara lenta.
El placer de descubrir el mundo submarino de Cousteau, bien vale sacarse un título, enfundarse un traje de neopreno, cargar las botellas a la espalda y sumergirse.
El buceo no es un deporte difícil, pero la titulación es fundamental para saber qué se debe hacer y cómo actuar en un medio que no es el nuestro.
Este mismo verano puede ser la esperada ocasión, si tenéis alguna duda llámanos a los siguientes teléfonos y te informaremos:
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